Mié. Feb 21st, 2024

La Argentina asistió en las PASO a un terremoto político inédito en 40 años de democracia. La irrupción extremadamente disruptiva del candidato de La Libertad Avanza, Javier Milei. Su triunfo indiscutido y sorprendente significa algo más que un llamado de atención para la clase política. Coloca en verdadero jaque al sistema político de coaliciones que, luego del hegemonismo kirchnerista, se encargó de contener la vigencia democrática.

A ese sistema representado por Unión por la Patria y Juntos por el Cambio pareció golpearlo además la indiferencia de un 30% del electorado que prefirió ausentarse. Haciendo una combinación caprichosa con el casi 31% cosechado por Milei se derivaría en que casi el 60% le dio la espalda a kirchneristas, macristas y radicales.

Ni en Unión ni en Juntos podían salir a medianoche del asombro. A las dos agrupaciones las sometió un candidato políticamente a la intemperie. Con una representación de dos legisladores en la Cámara de Diputados. Sin territorio, sin un gobernador. Sin una maquinaria de fiscales, sobre todo en Buenos Aires, que le permitiera proteger sus votos. De hecho, La Libertad Avanza hizo muchas denuncias durante la jornada sobre faltante de boletas.

También los antecedentes influyeron para que el Gobierno y la oposición de Juntos por el Cambio, sobre todo, lo subestimaran. En las 18 elecciones previas a las PASO de ayer Milei había cosechados resultados magrísimos. Apenas un 13% en La Rioja haciendo flamear el apellido de Martín Menem, hijo del ex senador. Ni un 4% en Tucumán ladeado junto a Ricardo Buzzi, heredero del ex gobernador militar de la última dictadura.

Milei sorteó otra cantidad de obstáculos. Declaraciones impropias sobre la portación de armas o la venta de órganos que, como se advierte, pasaron de largo para la porción de la sociedad que lo catapultó. Los escándalos alrededor del armado de las listas con denuncias sobre pagos oscuros o alguna connivencia en Buenos Aires con Sergio Massa. Nada le importó al votante.

¿Cuál podría ser la explicación de semejante fenómeno?. Difícil rastrearlo solamente en la política. Se podría ahondar en campos de la sociología y la psicología, también. Pero cualquiera resulte la conclusión quedó de manifiesto algo que todos los trabajos de opinión pública venían señalando hace rato. La decepción colectiva, la ausencia de expectativas, el tobogán sin freno después de haber probado cuatro veces con el kirchnerismo, la última con la máscara de Alberto Fernández, y una con Juntos por el Cambio.

Tan evidente resulta aquel aserto que la victoria de Milei se manifestó atravesando de manera vertical a la pirámide social. Clases altas, medias y sectores más humildes. Algunos números asombraron. Los que obtuvo en municipios de La Matanza o en el sur bonaerense, como Avellaneda y Ensenada. La forma de ganar Santa Fe, donde ni presentó aspirante a la gobernación en julio. En esa instancia, Juntos por el Cambio se impuso con el 65% de los votos y consagró postulante al radical Maximiliano Pullaro. Aliado en la interna opositora a Horacio Rodríguez Larreta. Otro caso: hace pocas semanas el PRO se apropió de la gobernación de Chubut con el senador Ignacio Torres, enterrando dos décadas de peronismo. La disputa presidencial ayer cayó también del lado de Milei.

La perforación política de Milei no respetó límites. Su candidata a gobernadora por Buenos Aires, Carolina Píparo, fue la segunda individualmente más votada después de Axel Kicillof. El último estirón del diputado libertario, según un respetado encuestador, lo habría tenido en la última semana. Con el desboque del dólar y la seguidilla de crímenes a mansalva. Habría sido el golpe de gracia para que Massa, el candidato oficialista, consume la peor elección en la historia peronista. Apenas 21% que con los casi 6% de Juan Grabois, su retador, le permitió quedar solo a un punto y medio de Juntos por el Cambio. Pero tercero, al fin.

Habría que estar atento a cómo el oficialismo procesa la debacle. En 2021 Cristina se ocupó de desatar una crisis ministerial. Carecería ahora de ese margen sin riesgo de caer en un abismo. La pérdida de poder de Massa es una interpretación difícil de discutir. El ministro-candidato debe transitar hasta octubre gestionando el traumático cuadro económico-social-financiero. Tiene que retomar sus conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el desembolso pendiente de US$ 7.900 millones.

De total de 27 puntos 6 pertenecieron a Grabois. Contó en la campaña con la complacencia de La Cámpora. Aunque varios de sus dirigentes proclamaban el voto por el ministro-candidato. El dirigente social amigo del papa Francisco es un duro crítico del acuerdo con el FMI. Lo repitió anoche en la cara del jefe renovador. Es probable que Massa esté forzado a realizar alguna concesión. La factura ya empezó a llegarle.

La vicepresidenta venía intuyendo lo que podía suceder. De allí su repliegue en la campaña. La única preocupación fue resguardar a Kicillof. No tuvo tuvo otras alegrías: perdía la gobernación de Santa Cruz, que dejó libre Alicia Kirchner, con un dirigente que supo militar en sus filas. Tampoco pudo impedir que Milei se quedara también allí con la victoria en la presidencial.

Mauricio Macri logró salvar la ropa, a duras penas. Consiguió que su primo Jorge, ex intendente de Vicente López, quede seguramente como sucesor de Rodríguez Larreta en la Ciudad. Logró además coronar a Patricia Bullrich candidata para octubre. El precio pagado fue muy alto. Juntos por el Cambio hizo una elección apenas por encima de Unión por la Patria. No alcanzó el 30%. Estuvo por debajo del 31.80% de Macri en las PASO del 2019. Lejísimos de ese 40% que parecía tener como pertenencia garantizada.

Parecieron existir graves errores en la estrategia electoral. La intromisión del ex ingeniero no ayudó. Bullrich y Rodriguez Larreta se ensimismaron en una pelea interna que obvió los intereses de los votantes del espacio. La contracara, tal vez, de la que plantearon Jorge Macri y Martín Lousteau en la Ciudad. Porfiaron entre ellos pero no se olvidaron del electorado. Está a la vista: entre los dos se llevaron el 55% de los sufragios.

Un Massa con signos del sopapo, sobrado por la sonrisa de Kicillof a sus espaldas, anticipó que se inicia una nueva etapa. No le temblará el pulso para los desafíos que se avecinan. Tampoco el pudor. El ministro-candidato convocó a la construcción de un nuevo modelo que la coalición a la que pertenece no supo definir en estos cuatro años. Signados por una crisis permanente. También dijo que se propone “armar una nueva mayoría” de cara octubre. Habrá que ver con quién. Y si puede.

Es verdad que las PASO de ayer pueden no constituir necesariamente un anticipo de octubre. Más allá de que Milei dejó una huella bien trazada. El Gobierno y el peronismo kirchnerista, pese a las dificultades que enfrentan, harán valer el peso del Estado. Buscarán realinear una tropa que el corrimiento de Cristina y la desconfianza que despierta el ministro-candidato desordenó.

Juntos por el Cambio tendría que recuperar la brújula. El módico festejo tras la elección contó con la foto de unidad de Bullrich y Rodríguez Larreta. También el compromiso de trabajar juntos hasta octubre. Un déficit de la campaña que conspiró contra el resultado final. Aquí está planteado un dilema: la oposición deberá aumentar su caudal electoral buceando a lo mejor entre los fieles que respondieron a Milei.

Tampoco las cosas serán iguales para el diputado libertario que zamarreó la escena electoral. A la demostrada consistencia mediática estará obligado a añadir precisión en sus propuestas. Por ejemplo, explicar su teoría de la dolarización que tanto penetró en los sectores bajos, desprotegidos. Su libreto demandará otros contenidos: políticos e institucionales.

Para todos los que han quedado en competencia arranca, de verdad, una nueva historia. Ante una sociedad que con votos y sin ellos expresó acabadamente en qué punto se encuentra su estado de ánimo.w